«Yo era joven y eso me permitió vincularme con los guardias que también lo eran. Les reclamaba por la música que ponían, siempre la misma. En la oficina de control, el lugar de acceso clásico. Había un guardia adentro. En el entrepuente tenían un tocadisco, que tenía una maleta de madera, clásico que uno llevaba a las fiestas. El día domingo que todo se relajaba, era diferente. Entonces hablábamos ´Te gusta la música, sí, ya y qué te gusta? entonces pusieron una onda más hippienta, que era lo que a mí me gustaba.»