«A mí qué me provoca, así como sobresalto del Silva Palma, son las puertas, pero el ruido de las puertas. Lo que pasa es que mi detención fue super extraña porque a mí me fueron a buscar a la casa, una noche, no sé, una de la mañana. Vivía en la calle Habana, cerca del Estadio Español. Era el ´74, septiembre del ´74. Y, mi papá, que en esa época estaba vivo, se opuso, se opuso, se fue en discusión. La cosa es que mi papá dijo ‘yo la voy a ir a dejar mañana, pero yo voy a ir, no se la van a llevar’; pelearon, qué sé yo. Al final, los marinos se fueron y mi papá me fue a dejar, efectivamente, con mi mamá, al Silva Palma porque mi papá juraba que era como que él me iba a esperar ahí, me iban a interrogar y yo me venía y, esa sensación de cuando una sube esa escala, me ponen la capucha, entro y se cierra la puerta, fue como… Como el desgarro, ¿cachai? O sea, ellos quedaron afuera y yo adentro sin saber lo que venía. Y después, porque efectivamente estábamos siempre encapuchadas, me pasa que con las puertas… Claro, tú escuchabai un cerrojo y un abrir y uno pensaba ́ahí vienen a buscarme ́, y cuando se cerraban, era como ´uh, por fin´y, al rato después, de nuevo. Y, claro, ese sonido de la puerta, te llevaba a que tú sabías que te venían a buscar, que ibai a ir a sesión de interrogatorio, con todo lo que la sesión de interrogatorio significaba porque, nosotros, estábamos en el Silva Palma, que es la parte de abajo y a uno lo llevaban a la Academia de Guerra. O sea, yo después supe que era la Academia de Guerra a donde nos llevaban. Pero sí me acuerdo que era recomplejo subir una tremenda escalera, porque uno iba con capucha y, bajarla, era peor.»