«Yo estaba en el Lebu. Estuve como un mes. Nos llevaban los fideos pelados, porque no te puedo decir otra cosa. Pero, era tanto el hambre que pasábamos, que te voy a decir que, de repente, quedaban panes que las niñas se comían, a veces con moho, teníamos que rasparlos pa’ comerlos porque pasábamos mucha hambre. Y nos tiraban unos fideos así, cocidos, pelados, sin nada. Entonces, y se puede decir que después de, a ver, yo creo que después de una semana, yo creo que después de quince días los familiares empezaron a mandar cosas. Entonces, ahí, ya nos empezamos a alimentar mejor.»