“En el cotidiano de habitar en el Silva Palma, podías estar en el régimen de la luna, que era pan y agua. Ese pan no lo comíamos porque no teníamos hambre. Lo guardábamos para cuando tuviésemos hambre, entonces se ponían duros. Lo poníamos en la litera. Estábamos muy hacinados. Cuando estábamos arriba nos sacábamos la venda para mirar y nos comunicábamos. Abajo había un guardia. (…) En las literas, superado los miedos, habitando el lugar, nos comunicábamos con otros presos. Había uno que era estudiante, estaba con uniforme. Llegó un guardia que se quedaba dormido con uniforme de marino, con casco de marino en un espacio hacinado, se cagaba de calor y aburrido. Cabeceaba y se despertaba y así. Uno veía cómo se movía ese casco que tambaleaba. De repente se nos ocurrió y nos pusimos de acuerdo para tirarle pedazos de pan en el casco y nos hacíamos los lesos. Cachamal juega doble. Un juego en ese lugar. Sucede como tres noches. ”