«Tiene que ser septiembre del ´74. No había ética. Había guagüitas que habían nacido en la cárcel; yo, te digo, la verdad, nunca le di la hora a las guagüitas porque yo tenía a mi guagüita afuera. Entonces, yo veía a las niñas y me daban ganas de llorar, entonces, ni siquiera las miraba. No porque sea mala ni eso, sino porque me dolía mucho. Mi hijo tenía 4 años. Había dos niñas. Antonia tenía a su niña que también tenía 4 años y yo tenía a Mauricio, mi hijo. ‘¿Qué le hacemos a los niños para navidad?’ Y nos pusimos a tejer. Y, alguien, me enseñó a hacer este mono, que es con los colores de la bandera, jaja, bien patriota, jajaja. Y ahí se lo regalé po’. Para mí representa un tiempo muy triste, de mucha soledad y mucho dolor, no solamente en el alma, sino que también en el cuerpo. La cárcel. Una cárcel asquerosa, horrible.”