«Lo pasamos mal, pero nos aferramos a la fe. Además de leer la biblia, también existía un libro (en el Cuartel) que era Romeo y Julieta. En mi casa no sabían dónde estaba, yo era una persona desaparecida. Siempre existe un bueno, había un marino que se llamaba Vicente, según él, y me dice ´te voy a traer un lápiz y lo voy a dejar abajo de la almohada y dame tu dirección yo voy a ir a tu casa´. Yo en ese libro, en esa hoja, escribo un mensaje y le doy la dirección y él fue a hablar con mi mamá, que me había buscado en la Intendencia y yo no aparecía. Entonces después mi mamá fue al Silva Palma, a exigir, porque si la dictadura cayó fue por las mujeres, tenían una fuerza, una garra.»