«Con un grupo de cuatro compañeros fuimos al primer matrimonio colectivo que hubo en la Cárcel Pública de Valparaíso. Y el sacristán, vivaracho, intentó sobornarnos. En ese tiempo no había ninguno, no existía en la ley interior de las cárceles la posibilidad de esos lugares, tienen un nombre esos espacios donde tú estás con tu pareja, una pieza privada. Tienen un nombre que no me es familiar. Y, bueno, entonces, dijo ‘yo les puedo conseguir como visita conyugal pero, ustedes, tienen que casarse por la iglesia’. Eso sucedió en el patio de la cárcel de Valparaíso, en el sector exterior, donde había una escuelita y donde yo regularmente, pasaba todo el día porque mi condición de profesor tenía ciertos beneficios. Entonces yo me iba para el otro lado, leía la prensa todo el día, llamaba por teléfono. Entre comillas, en el lenguaje carcelario, en esos tiempos, me escurrí, me avivé. Entonces, le llevé el mensaje a mis compañeros y, todos, incluido yo, dijimos que no, que nos casábamos solamente por el civil. Por lo tanto, no hubo post boda.”