«Las personas vienen con los ojos vendados en camionetas. Entonces los hacen bajar y caminar un tramo. Se tropiezan y los marinos les pegan patadas para que se levantaran. Los detenidos se percataron de que habían peldaños. No sabían dónde estaban, pero sí que habían peldaños. Relato que me contó un amigo afuera del Silva Palma en un acto.»