«Cuando nos daban, eran dos cigarros al día, o sea, los que fumábamos preguntábamos ‘¿quién fuma?’ Y ya nos parábamos y nos pasaban un cigarro a cada uno y en el Silva Palma salíamos afuera a lo que es como un mirador que tenían arriba, donde mirabas tú hacia el Molo de Abrigo. Veías algo de la Av. Altamirano, donde había cañones cercados con rejas. Más o menos, esos son los recuerdos.
(…) Era como un relajo porque, por ejemplo, también en el buque eran dos cigarros al día. Nos llegaban encomiendas al buque que nunca las pasaban. Algunas cosas las pasaban. Los cigarros no los pasaban. Pero, por ejemplo, en ese tiempo nos mandaban por decirte, marcas de ahora, un Viceroy digamos, de marca y a nosotros nos daban cigarros sin filtro. Por ejemplo el Hilton 100 es un cigarro largo y a nosotros nos daban un Liberty o un Cabaña, cigarros antiguos que venían sin filtro. Entonces, ¿qué pasaba? Que los marinos se quedaban con las cosas nuestras y, pa’ fumar, nos subían a cubierta, un grupo de diez, qué se yo. El cigarro te lo prendían, se llevaban el fuego, tratabai de alargar el cigarro lo más posible. Salías a tomar un poco de aire y después te bajaban. Y, en la tarde, era lo mismo.”