«Cuando nos llegaba la menstruación, no teníamos de donde sacar nada. Todas las que llegábamos nos poníamos ese calzón colectivo. Tampoco teníamos dónde lavarnos los dientes, porque era un lavamano chiquitito, un baño asqueroso. El Silva Palma fue traumante, cuando paso por ahí, cuando voy a Playa Ancha me sobrecoge, ¿por qué vivimos eso? no lo merecíamos, estábamos en las Juventudes Comunistas, trabajábamos. Vivimos una juventud muy bonita. Hasta que llegó la noche.»